La adjudicación de NCG a Banesco es, sin lugar a dudas, una opción con riesgos, pero también con elementos a favor. Los riesgos vienen dados de su pequeño tamaño y de su origen territorial y, aunque parezca una paradoja, de ahí vienen también las ventajas. Los activos de Banesco son 27.500 millones de euros, una cifra que apenas llega a la mitad de los que tiene NCG, de tal forma que un banco pequeño, sin presencia en el mercado español hasta hace unos meses y por lo tanto con una estructura de dirección reducida, se va a quedar con el 40 % del ahorro gallego.
Es el pez chico que se come al grande y eso siempre supone un riesgo de indigestión. Pequeño y extranjero, venezolano en concreto, un origen que genera dos tipos de preocupación. La primera deriva de la inestabilidad crónica en la que vive Venezuela y en las incertidumbres de futuro que eso plantea.
La segunda es la sensación de liquidación de las grandes empresas de Galicia porque en apenas una semana empresas emblemáticas como Barreras, Pescanova y ahora NCG han pasado a manos foráneas, dos de ellas a capitales latinoamericanos. Es como si el país estuviera en venta, en liquidación en realidad, en temporada de saldos viendo como perdemos, como país, la propiedad de nuestras grandes empresas.
Pero hay también elementos positivos que se tienen que valorar, pero, sobre todo, consolidarlos de forma inmediata. El más relevante es el que se deriva precisamente de las características del comprador. Al ser pequeño y no tener presencia en España se evita el coste fundamental de las absorciones bancarias: la duplicidad en los servicios y el solapamiento en la red de oficinas que acaba provocando el cierre de una parte no menor de esa capacidad instalada y el despido de miles de trabajadores.
Con Banesco la probabilidad de que esto suceda es menor, al menos en principio. Pendiente de lo que se negocie ahora, es perfectamente posible que NCG se mantenga no solo como marca comercial sino que la sede, con sus servicios centrales, siga aquí y no se produzcan más ajustes ni en la red de oficinas ni por lo tanto en el empleo. La adjudicación a Banesco no es el final del proceso sino el principio de un arduo e intenso proceso negociador en el que tienen que participar todas las partes, la nueva propiedad desde luego, pero también la actual dirección, el FROB y la representación legal de los trabajadores. La definición de un plan de negocio que dé respuesta a las enormes incertidumbres que por ahora existen y que tienen que ver desde el modelo de negocio al mantenimiento del empleo, sin olvidarse de la obra social, es una tarea urgente.
Una idea final. El FROB y el Fondo de Garantía de Depósitos han puesto 9.050 millones de euros de dinero público en el saneamiento de NCG. Como Banesco va a comprar el 88 % del capital social en manos de estas dos entidades por 1.000 millones, el Estado no va a recuperar 8.000 millones de euros, el presupuesto de la Xunta de Galicia del 2013, que, obviamente, pagaremos todos los ciudadanos. Qué lejos queda aquel discurso de que el saneamiento de la banca no les iba a costar ni un euro a los ciudadanos.
Para terminar, un sentimiento: la enorme tristeza que sentimos hoy la inmensa mayoría de los gallegos ante la liquidación de una obra construida durante más de cien años con el esfuerzo y la voluntad de varias generaciones.