El título de mi columna está sacado de un poema de Emily Dickinson que, a su vez, sirvió para titular una novela/biografía de Jean Rhys. El texto de Rhys es un triste periplo, navegación de cabotaje, que la protagonista sufre a lo largo de su vida. Una mujer que quiso liberarse de todas las convenciones y que, a medida que pasa el tiempo, se vuelve más vulnerable al dolor y la miseria. Pero resiste la protagonista, pese a todo. Buenos días, medianoche, es la expresión que se me ocurre este lunes previo a la Nochebuena. En Galicia tenemos banco, o eso parece, y a uno le dan ganas de sonreír abiertamente y alegrarse. Claro que uno, como la protagonista de Rhys, ya se ha vuelto cada vez más vulnerable al poder financiero. De nadie nos fiamos. Las promesas de Banesco sobre Novagalicia son óptimas. No se perderá ni un empleo, correrá el crédito a las empresas, se centrarán (bolsillo y corazón) en Galicia. Sería fantástico. Hoy es día para desear lo mejor y ahuyentar el pesimismo: ese dardo que, desde hace cinco años, nos lacera. Día para mecerse en las ilusiones, acariciar lo próximo y escoger alguna metáfora que no nos hiera: buenos días, medianoche. Veintitrés de diciembre. Ojalá dentro de un año podamos congratularnos de que la mitad del ahorro gallego cayó en buenas manos. Ojalá sigamos dando los buenos días, gozosos, a la luminosa (o no) medianoche.