Caminos para que no se pierdan

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

06 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Suele aparecérseme repetidamente, en el ensueño de la memoria, el camino que por la fuente de la Cruz nos llevaba al río Froxá y desde allí, en una remontada por la fraga, alcanzaba los Sete Muiños, su poza pequeña.

El ensueño me dice que ese camino de tantas tardes de verano ha desaparecido. Por carteles de carretera que veo con asombro, sé de otras rutas para llegar. Pero por dejadez -mía y de otros-, el camino por la fraga es ya memoria de niñez y adolescencia. En la memoria, Sesulfe, Escadebas, muy por encima del río.

Caminos no son rutas. Pues si tal fuera la de Vigo a Santiago y viceversa, como paso al norte o como término, tendría ocupada memoria y ensueños de tantas horas que en ella se consumieron. Caminos son los que nos llevan, sin querer, por el alto do Martelo buscando el mar de Noia. Los que nos alcanzan el Tremuzo, o nos dejan en la fervenza de Pedrafigueira, por bajo de los montes de Carnota, frente al mar del Finisterre.

Caminos son los de Redes, donde el Eume da en el mar y se encuentra con el Mandeo, bajante desde la serra da Cova da Serpe, linde de la chaira lucense con Sobrado dos Monxes, donde también nace la ría de Noia, en un Tambre aplacerado llegando a Pontenafonso.

La melancolía de don Álvaro Cunqueiro por los viejos caminos me lleva, bajando desde el alto da Xesta por la A-8 de vuelta de Oviedo, a tomar la salida de San Pedro de Pígara, extrema parroquia de Guitiriz, para saber si los caminos de antes seguían puntuales en la mañana aguardando los pasos del caminante.

Melancolía que hace buscar en los caminos viejos las casas de piedra encintada y pizarra, los abedules chairegos -lugares de bidueiros- de la memoria. Melancolía que hace buscar la iglesia y la fuente de Santo Alberte, el recuerdo vivo de Leivas da Vereda, Leiviñas para el santo, y el tumultuoso correr invernal del río Parga. En una tierra sin vides.

Cruzando de vuelta el puente medieval, en una mañana del nuevo enero, uno sabe con certeza que los caminos vividos de la memoria se mantienen a la espera de nuevos pasos en viajes imaginarios y reales. Viajes que desde la proximidad de Santo Alberte nos hacen preguntarnos por la novedad de un papa, Francisco, capaz de transformar espíritu y mensaje de una institución del temor, la inquisición y la condena del ser humano, en otro donde explicita que su fuerza «se esconde en las aguas profundas de Dios». Y ahí viene a la memoria Henri Godin, el cura obrero, subversivo, de la Mission Paris y con él Pedro Salinas o José Ángel Valente, «él no sabía nada, no soñaba entre horas, aguardaba?».