El ejército del mal rollo

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Si hay algo más detestable que un Gobierno que engaña a los ciudadanos vendiendo optimismo irracional, es una oposición que trata de sembrar el pesimismo y la depresión negando cualquier posibilidad de recuperación y que resta validez a todo dato positivo, convirtiéndolo en un hecho puntual, coyuntural y pasajero que no evitará el desastre. Frente a los vendedores de humo del Gobierno a los que nos hemos hartado de criticar, surgen ahora los profesionales del desencanto, los agoreros del «todo va mal y va a seguir yendo mal». Cenizos a tiempo completo que se alimentan del mal rollo, como las ratas de la basura. Gente que lo ha apostado todo a que España no salga del pozo para poder presentarse luego, cuando toque, como los salvadores de la patria, aunque muchos de ellos sean precisamente los máximos responsables de que nos encontremos en este infierno. Aguafiestas que asisten temerosos a la posibilidad de que el sol empiece a calentar antes de lo previsto, arruinando así sus planes de imponer el catastrofismo tremendista para pescar votos en ese negro pantano.

Pues bien, o mucho me equivoco, o es precisamente a eso a lo que nos vamos a enfrentar durante este año 2014 en el que, por primera vez en mucho tiempo, cabe depositar un gramo de esperanza. Algo que a algunos les parece intolerable, porque la ilusión colectiva los deja sin negocio y sin argumentos. En estos días, basta declararse moderadamente optimista frente a cualquier problema para que a uno lo tachen inmediatamente de vendido y de agente del Gobierno. Salirse del carril del pesimismo patológico es un grave delito que te convierte en un apestado impresentable. Según esta secta ceniza, si la prima de riesgo baja en España es porque lo hace en todos sitios y además no significa nada, aunque cuando subía era para ellos el preludio del Armagedón. Si sube la bolsa, es porque los fondos buitre internacionales pretenden quedarse con España a precio de ganga, aunque si baja es el símbolo evidente del fracaso. Si suben las exportaciones, es porque vendemos barato a base de pagar sueldos de miseria con contratos basura. Si baja el paro, es porque la gente se está yendo de España, se muere o se borra de las listas, y no porque nadie esté contratando a nadie. Y si alguien consigue un trabajo, lo hará en condiciones de esclavitud y además lo perderá muy pronto. Eso aseguran los agoreros. Saboteadores de la confianza. A todo le dan la vuelta. Y, como el del Ingsoc orwelliano, su lema es el de «Guerra es Paz, Libertad es Esclavitud e Ignorancia es Fuerza».

Me resisto a militar en ese batallón de malasombras. Puede que sea solo el efecto de una resaca sobrevenida después de tanta felicidad en el día de Reyes, pero yo le doy una oportunidad a este 2014 neonato, como Lennon se la dio a la paz cuando la guerra parecía inevitable. Nada es fácil, pero aquí sobra el ejército del mal rollo.