Tanta violencia

Gonzalo Ocampo
Gonzalo Ocampo EL RETROVISOR

OPINIÓN

10 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde un plano teórico, los gestores del tráfico deben sentirse legítimamente satisfechos. Año tras año, las cifras de la accidentalidad en España tienden a una sostenida baja, desciende el número de accidentes mortales, de personas fallecidas en las carreteras, de personas heridas, de daños a las cosas.

Ocurre que en otro plano, más cercano a los sentimientos humanos, el hecho de que en el año pasado hayan perdido la vida un largo millar de personas por causa del tráfico no deja de ser inquietante, como quiebra del bienestar social, simplemente porque el automóvil ha sido concebido como un medio para la utilidad y las conveniencias de la vida cotidiana, y porque su uso nunca debería concluir en acciones violentas capaces de matar. Es esta evidencia la que confunde y, al propio tiempo, interroga. Precisamente en este punto quiere uno recordar nada menos que a Eugene Ionesco, cuando escribía que «la historia es descomposición, es caótica, cuando no está orientada a lo sobrenatural». Y es que el tráfico no deja de ser, antes que nada, una actividad de las personas.