En este país, cuando un autónomo se ve forzado a bajar la persiana definitivamente, el principal damnificado (el único, si me apuran) es él. Se queda sin ingresos. Sin Inem. Sin indemnización. Con suerte, sin deudas. Pero, seguro, con facturas pendientes de cobrar. El autoempleo en España aporta 20 puntos al PIB, está detrás del 90 % de los negocios, responde el dueño con su patrimonio y atiende, si es necesario, las 24 horas. Pero este país nunca ha sabido tratar (que no mimar, ni subvencionar, no confundan) a ese que abre una tienda, un bar, una peluquería, una guardería... Las Administraciones se han llenado la boca con esa nebulosa de apoyar al emprendedor... subiéndole los impuestos, generando más papeleo, denegando el paro. Palabrería. Así que no, no emprendan.