Zonas de impunidad

Leoncio González

OPINIÓN

El historiador del Holocausto, Raul Hilberg, sitúa la primera aparición de la expresión «Never Again» (?Nunca más?) en el campo de concentración de Buchenwald, en 1945. Era un grito a las generaciones futuras para que no consintieran la repetición de aquel viaje a la maldad absoluta, pero según David Rieff, el hijo de Susan Sontag y una de las mayores autoridades en el área de la memoria colectiva, acabó aplicándose por analogía más allá de sus propias circunstancias, el exterminio de los judíos, cada vez que la humanidad daba rienda suelta a sus peores demonios, como ocurrió con las dictaduras de Argentina y Chile o con el genocidio de Ruanda.

El inquietante parecido entre las fotografías dadas por válidas por tres antiguos y respetados fiscales y las imágenes que captaron los aliados al adentrarse en las factorías de la Solución Final sugiere que hay que empezar a encuadrar a Siria en esa categoría especial del horror. El informe documenta un sadismo hacia los prisioneros que los desposee de su dignidad como personas y que convierte al régimen que lo promueve en una reedición aventajada de los nazis.

Las fotos son un alegato frente a la pasividad de la comunidad internacional, que ha dejado pudrir la guerra sin saber encontrarle una salida a sabiendas de que torturas y ejecuciones como las retratadas son el pan de cada día. Es algo más grave y novedoso que la tradicional incapacidad de la ONU para resolver conflictos o intervenir cuando se conculca el derecho internacional: la demostración de que el reajuste de fuerzas que se está produciendo en el mundo deja zonas de impunidad que favorecen a los tiranos y les permiten recurrir a métodos criminales que se creían parte del pasado..

Pero, al mismo tiempo, suponen un desafío para la opinión pública internacional. Vivimos en una época inconstante, de emociones volátiles, tan intensas como efímeras, en la que las reacciones de indignación que provocan los peores ultrajes caen de inmediato en el olvido desplazadas por la aparición de la siguiente novedad.

Una parte importante de la supervivencia del régimen de Al Asad radica en haber desafiado la capacidad de escandalizarse de los públicos occidentales para conseguir, de ese modo, su desaparición como arma de presión hacia sus Gobiernos. Miles de asesinados nos interpelan y nos exigen que se investigue y se lleve a los tribunales a las alimañas que se ensañaron con ellos para que no se vuelva a repetir su sufrimiento, pero no es seguro que no volvamos a torcer la vista, como pasó después de las masacres de Hama y Homs o como ocurrió tras los bombardeos contra mujeres y niños en Alepo.