Lástima

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

28 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Es una lástima. Cuando más falta nos hacen, menos nos interesa lo que nos dicen. Menos creemos sus discursos y las soluciones que proponen para atender nuestras preocupaciones. Son tan previsibles sus intervenciones que muy pocos sienten la necesidad de seguir el debate del estado de la nación. Y no es porque los asuntos puestos sobre la mesa sean menores: la falta de trabajo, leyes que afectan a lo más íntimo de las personas en el ejercicio de sus derechos, la ansiada y definitiva disolución de la pesadilla terrorista, el futuro de la organización territorial.

No puede decirse que no hablasen de las preocupaciones de los ciudadanos. Todos se otorgan a sí mismos la virtud de estar en las inquietudes de la gente. Pues más grave todavía: están hablando de lo que quita el sueño a muchas personas, pero a nadie parece importar lo que ellos -los que tienen la responsabilidad de liderar- les proponen. Los chascarrillos, los boleros, las latas de refresco aplastadas, los dibujos animados, los recursos del mentalista para despertar de la hipnosis al espectador. Nada de eso tiene la menor chispa y menos cuando todo el discurso parece montado para poder colar la gracieta en algún momento.

Es penoso comprobar los resultados cuando las cámaras salen a la calle para pulsar el nivel de implicación de la gente en el debate político que se supone más importante del año. O no se sabe de qué hablan sus señorías o directamente responden con un «paso de ellos». La democracia es imposible sin partidos y sin políticos. No será culpa de los ciudadanos ese desprecio olímpico que se han ganado.