Narices rojas

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

02 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Los señores diputados aguardaban nerviosos en las bancadas, mascando chicle, haciéndose pullas. La espera se hacía insoportable, algunos no aguantaban el pis. Pero entonces llegó el jefe del Gobierno, señor Gabi, y gritó animoso: «¿Cómo están ustedes?» Y la mitad del hemiciclo -en rigor el cuarticiclo- estalló en un aullido entusiasmado: «¡Bieeeen!» Luego salió el líder de la oposición, señor Fofó, y repitió el saludo con mayor energía si cabe: «¿Cómo están ustedes?», y la otra mitad de las señorías berró al unísono con la venas del cuello hinchadas de la emoción: «¡Bieeeeeen!» Y tras unos segundos de expectante silencio sonaron las primeras notas de la excelsa sinfonía de la democracia: «Hola don Pepito», decían los oradores, «Hola don José», atronaba el graderío de la Carrera de San Jerónimo. Acababa de empezar el debate del estado de la nación.

En los últimos años la marea roja de españoles que se están yendo por culpa de los payasos de la tele está alcanzando cifras como las de la época de Pepe, el que se marchó a Alemania. Aquí ahora no queda ni Pepe ni Paco, el de la guitarra que solo quería volver a Algeciras ya muerto, porque para la vida prefería la costa de Méjico. Y mientras por ahí fuera resuenan los cánticos del «yo soy español, español, español», aquí aún se oyen los ecos del congreso: «¿Vio usted a mi abuela?» «¡A su abuela yo la vi!» Y las narices de broma brillan a la luz de los taquígrafos con el espíritu de estos días de carnaval. En fin, ¡feliz antroido!