Edipo rey de Astorga

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

09 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

C uando en 1974, hace ahora cuarenta años, Jaime Chávarri se dejó caer por Astorga para rodar un documental sobre la vida del poeta más egregio del régimen, Leopoldo Panero, que había muerto unos años antes, se llevó la sorpresa de su vida. Allí, en la casona vieja de los Panero sobrevivían tres hijos perdidos que se estaban desangrando por la herida abierta de la literatura: Juan Luis, Leopoldo María y Michi. Lo que allí se encontró Chávarri era en realidad una verdadera tragedia griega que se estaba representando lentamente en una pequeña ciudad de provincias bien avanzado el siglo XX. La dulzura con la que aquellos jóvenes se odiaban, la tranquilidad con la que se suicidaban ante las cámaras, nos hablaban de algo que está detrás de la mirada perdida. Algo que se arrastra desde Edipo a Hamlet o el joven Rimbaud. De aquel estupor inicial pasaría el cineasta al entusiasmo de los claroscuros y al escándalo de los diálogos hirientes y trágicos de unos actores que no necesitaron más guion que su propio desencanto. Y así se tituló la película que quedó de aquello. En el año 1976, cuando se estrenó en el cine Goya, de A Coruña, yo no había cumplido aún los veinte años, y el recuerdo de aquella cinta me dejaría marcado para siempre. Esta semana llegó el fin, anunciado entonces por Michi, de una estirpe con demasiados hectolitros de alcohol en la sangre. Leopoldo María, que siendo un adolescente ya se andaba cortando las venas con Eduardo Haro Ibars, ahora ha culminado la tragedia.