El derecho a decidir y las patatas

Javier Guitián
Javier Guitián EL DEBATE

OPINIÓN

Unas recientes declaraciones de la candidata de AGE a las elecciones europeas, en un debate en V Televisión, han originado una cierta polémica, en mi opinión, fruto de un malentendido. De manera concreta, la entrevistada dio a entender que si los gallegos consumieran el vino de O Ribeiro que producimos no tendríamos necesidad de exportarlo, lo que ha sido interpretado como una crítica al consumo de otros vinos, concretamente el rioja, y a la libertad de los ciudadanos a elegir los productos que desean consumir.

Independientemente de la interpretación que se haga de estas declaraciones, la cuestión no tendría más trascendencia si no se hubiera mezclado con el concepto de soberanía alimentaria, un derecho definido en positivo, que nada tiene que ver con las prohibiciones, la autarquía o las posturas reaccionarias. La soberanía alimentaria se ha definido como un derecho de los pueblos a alimentos adecuados, accesibles, y producidos de forma sostenible y ecológica. Da prioridad a las economías y a los mercados locales y nacionales, y otorga más poder a la agricultura familiar, la pesca artesanal y el pastoreo tradicional. En síntesis, la soberanía alimentaria sitúa la producción, la distribución y el consumo sobre la base de la conservación de la biodiversidad y de la sostenibilidad social y económica.

Nada habría de criticable en una iniciativa que propone un sistema más justo, de mayor calidad y más respetuoso con el medio ambiente, aunque cada uno pueda ver un camino diferente para su implantación o pensar que se trata de una propuesta utópica. Pues bien, tengo la impresión de que buena parte de la polémica viene de que la utilización de términos como soberanía, nos evoca conceptos como la independencia o el derecho a decidir, tan discutidos en estos días. Pues bien, si ese es el problema llamémosle de otra manera, por ejemplo, alimentación sostenible y de calidad porque, para entendernos, no creo que nadie discuta que es más razonable consumir nuestras patatas que las importadas de Egipto.

No conozco a Lidia Senra, pero tengo un gran respeto por su trayectoria personal y creo que casi todos compartimos con ella la voluntad de mejorar la situación de nuestro sector primario. Hasta donde yo entiendo, no se trata de prohibir el consumo de productos foráneos, sino de articular mecanismos para facilitar el consumo de los productos propios, de mayor calidad y menor impacto ambiental, y de que sean nuestros productores los beneficiarios de su trabajo y no las grandes multinacionales.

Aceptando eso, no creo que sea difícil ponerse de acuerdo en el nombre en torno a un buen ribeiro o un rioja. Entretanto, hasta que ese día llegue, yo reivindico el derecho a decidir sobre las patatas o, si lo prefieren, la soberanía sobre los tubérculos.