Los aduladores

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

14 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El presidente del Gobierno, cualquiera que sea y con independencia de su signo político, siempre tiene quien lo alabe con desmesura.

Pasó con Aznar y pasó con Zapatero. Y ahora lo hemos vuelto a comprobar en la designación del cabeza de cartel del PP para las europeas. Los cobistas de turno, dados al halago a la menor oportunidad que tengan, y si no la hay se la inventan, no se han cansado de encomiar la magistral estrategia de Mariano Rajoy, digna en su exageración de un Sun Tzu trasladado al arte de la política. Esa hábil táctica de retrasarla lo máximo posible habría servido para desubicar a Elena Valenciano, que habría estado días y días dando golpes al aire al no conocer la identidad de su adversario. Incluso lo han dicho analistas serios, quizá contagiados del ecosistema mediático general. Y todo ello para que, dentro del plazo estipulado, el candidato haya sido el que todos esperaban, Miguel Arias Cañete.

El «pequeño detalle» que no tuvieron en cuenta los aduladores profesionales es que aún queda bastante más de un mes para la cita con las urnas el 25 de mayo. Es decir, tiempo más que suficiente para que ambos se peguen directamente, cuerpo a cuerpo. Tanto, que nos vamos a hartar de oír lo mismo una y otra vez. Pero, por si acaso, el elogio facilón para agradar al poder ha quedado ahí. Se podrá decir si Rajoy ha acertado o no con su dedazo, al igual que si Rubalcaba lo hizo bien o no al ungir con el suyo a su número dos.

Pero verter todo tipo de loas al presidente incluso antes de que se pronuncie, por no actuar, valorar sus silencios como si fueran fruto de un plan extraordinario, es servilismo, ditirambo o sencillamente una idiotez.