Separatismos

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

Los separatismos vasco y catalán eran muy débiles en los comienzos de nuestra transición política, pero desde entonces no han hecho más que fortalecerse y crecer. Es esta una realidad que deberían explicar los historiadores (sobre todo los antifranquistas, pero no solo ellos), que veían en la democracia autonomista una clara oportunidad de superar los riesgos de desvertebración nacional o estatal. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué se están frustrando nuestras esperanzas? Me refiero, claro, a los que creemos en España.

No se habla mucho de esto porque, quien más quien menos, todos quieren pasar sin dejar pelos en la gatera. Pero la realidad es la que es, la que demuestran los datos electorales. La muerte de Franco en la cama dejó tras de sí una esperanza real de reconciliación democrática, pero esa esperanza -a la vista está- no ha sido bien gestionada, entre otras cosas porque no bastaba con proclamarse antifranquista para que todo saliese bien y España fuese una nación próspera, unida, solidaria, democrática y orgullosa de sí misma. Era necesario poner los medios para que fuese así, pero no se hizo del todo, ni se está haciendo. Y quizá ha llegado el momento de revisar el proceso.

Para empezar, dejemos a Franco con sus culpas (las que tuvo y las que se le quieran atribuir). Los calificativos franquista y antifranquista ya no nos van a resolver el problema actual, ni siquiera en los niveles más teóricos. Dejemos a los historiadores que disfruten de sus desacuerdos sobre el pasado (Ángel Viñas contra Pío Moa, por ejemplo). Y observemos con atención el presente. ¿Es preocupante? Yo creo que, al menos, inquieta y desconcierta y, desde luego, es difícil de explicar. Y me gustaría escuchar discursos más sólidos que esa confianza inane en el futuro y en la UE. Los partidos soberanistas piden la independencia ¿y qué sucede? Los consentimientos de antaño (de los que tanto se aprovechó Jordi Pujol) han desembocado en el lío actual, y nadie ha publicado aún las ayudas de la Generalitat a los medios de comunicación catalanes, por ejemplo, para tratar de entender ese creciente fomento del separatismo y el silencio que cae sobre los que no le ríen las gracias. Porque esto es parte del problema.