Juegan como si les fuera la vida en ello. No se rinden. Corren y corren. Hasta que sus músculos se rompen. Y son un equipo. Todos a una. Todos para uno. Once jugadores, pero una sola alma. Once gladiadores, pero solo un objetivo: la victoria.
El Atlético de Madrid ha dado una gran lección al fútbol español. Se ha interpuesto entre los dos trasatlánticos del balón. Les ha discutido la Liga y se la ha ganado. Les ha discutido la Champions, y está a solo un partido de arrebatársela también.
Su juego no pasará a la historia. Los hay con más arte, con más velocidad y con mejores peloteros. Pero nadie aglutina como ellos la carga emocional que identifica a este deporte. Cada jugador del Atlético de Madrid es un río de sensaciones. Sienten durante noventa minutos lo que muchos futbolistas no han llegado a sentir en toda una carrera. Por eso superaron ayer al Barcelona en su propio estadio. Porque al Barça de hoy en día le falta toda la vida que le sobra al Cholo Simeone.