Cataluña y Constitución

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

19 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Mientras el Gobierno catalán derrocha parte de su presupuesto en embajadas y en medios de comunicación para fortalecer la vocación independentista de sus ciudadanos, las demás instancias españolas parecen dedicadas a contemplar el espectáculo con una total inanidad política y, sobre todo, intelectual. De modo que un problema que no teníamos hasta hace poco, se está convirtiendo en un problema que, al parecer, tenemos desde 1714. Lo cual constituiría una auténtica bobada argumental, si se respetasen mínimamente los conocimientos acreditados de la Historia de España.

Creo que en esta situación está ocurriendo algo parecido a lo que ya sucedió tras la muerte de Franco, cuando el buen Adolfo Suárez recibió a todos los excluidos por el franquismo como a demócratas de toda la vida, cuando era sabido que no todos lo habían sido ni estaba claro que lo fuesen entonces. Pero los que provenían del franquismo quisieron hacerse perdonar así su propio pasado. Y por esa vía de mutuos perdones y de mutuas bendiciones llegamos a la democracia que hoy por fortuna disfrutamos.

¿Qué está ocurriendo ahora? Que hay que revisitar la Historia. La nuestra. La que estamos viviendo. Porque en la Constitución que aprobamos muy mayoritariamente todos los españoles (incluidos los catalanes) no está ni se espera la independencia de ninguno de sus territorios. Sin embargo, ahí está el Gobierno catalán (empujado por ERC) liderando una desagregación territorial sin que nadie le pare los pies. Rajoy enarbola el escudo constitucional de vez en cuando y ahí se detiene. Rubalcaba habla de reforma constitucional, pero no encuentra interlocutores. Izquierda Unida no parece tener nada que decir al respecto. Mientras, el ruido tergiversador aumenta en Cataluña.

Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón apoyaron la llegada de la Segunda República y contribuyeron a redactar su Constitución. Al poco tiempo descubrieron que en España había muchos menos leales al texto de lo que creían y que la palabra republicano no era sinónimo de demócrata. La lista de violadores de aquel magno texto causa bochorno. No quiero ni pensar que algo parecido pueda reproducirse en España.