Las recientes elecciones europeas se plantearon en España como elecciones de carácter nacional. En tal sentido han de enjuiciarse. Erraron los gurús que temían una participación baja. No la ha sido en votantes a las siglas de izquierda. Lo que ha sucedido es una espectacular desbandada de los del PSOE. Una debacle tan evidente que ha provocado la dimisión de Rubalcaba y abierto un interrogante sobre el futuro del más que centenario partido. Ese varapalo parece implicar el fin de la etapa iniciada por Rodríguez Zapatero, culminada con un deliberado escorarse a posiciones más radicales. Resultan más creíbles en IU o en movimientos con sello de antisistema que han catapultado a Podemos. Es lo que le viene sucediendo a CIU. Puestos a votar independencia de Cataluña, resulta más coherente hacerlo en favor de ERC. La copia tiene menos valor que el original.
La abstención hay que atribuirla a los votantes del PP. No parece que los más de dos millones y medio de votos que ha perdido se hayan ido en una cantidad significativa a otras siglas; ni a su izquierda, ni tampoco a su derecha. Habrá de buscar el porqué de unos resultados mermados, aunque ganadores. Se han valorado de diversos modos según los momentos. A la resaca electoral hay que atribuir elogiarlos diciendo que solo en España y Alemania gana el partido en el Gobierno. La número dos del PP se olvidó de Italia. El triunfador ha sido Renzi que planteó el envite en signo europeísta y salió reforzado en su país. Se dijo también que el PP de Galicia ha perdido menos votos que la media del PP en todo el territorio español. Cierto. Vistos los resultados Comunidad por Comunidad, lo es solo en cuanto a Valencia, Madrid y Andalucía.
Después de la resaca de la victoria contenida y de la derrota humillante, cada quien ha de mirar inevitablemente hacia el futuro. Es la consecuencia lógica de haber considerado las elecciones en clave nacional. Quizá sea certero que no deben extrapolarse los resultados a unas elecciones generales, autonómicas o municipales. Las europeas tienden a ser consideradas menos importantes que las nacionales. Ahí sí falta comunicación, ayudada por la táctica de bajo perfil que gusta al gurú áulico del presidente, a la que se achaca el desencanto. Sea de ello lo que fuere, parece fuera de duda que todos están haciendo cálculos de lo que podría pasar en las futuras elecciones. La cuestión primordial estriba en saber si el PP podrá renovar su mayoría absoluta. En caso contrario, en quién podría apoyarse para gobernar. Las cosas han ido demasiado lejos para contar con el PNV y con CIU, superada por ERC. Las mayorías absolutas se debieron fundamentalmente a un rechazo de lo anterior, sea Rodríguez Zapatero o el Bipartito. Si el PP no las alcanza y el PSOE consigue alumbrar un líder y un programa con credencial de gobierno no sería descartable que todas las formaciones de izquierda le apoyasen. La gran coalición a la alemana no está a la vista.