No hay propósito de enmienda. Así lo demuestra el gran gurú del PP, sociólogo Arriola, cuando tacha de «friki» al líder Pablo Iglesias y su movimiento social. Despreciando el currículo profesional del profesor de la Complutense, su trayectoria socio política, sus éxitos como asesor, su capacidad para movilizar al tejido social, su vocación para interpretar las demandas en la sociedad. Curiosamente, fueron sus amigos de Intereconomía quienes le dieron la oportunidad de asomarse en televisión a la tertulia de Mario Conde y compañía, para tener a alguien con cierta capacidad intelectual de llevarles la contraria. No hay propósito de enmienda en Rajoy. En quienes le asesoran, por su estilo a lo Don Tancredo para resolver problemas, por su propia pereza a los cambios. No habrá nada nuevo que enmiende la hoja de ruta del Gobierno a las órdenes de la Troika. A la postre el PP, no pintará casi nada, en la Eurocámara.
Dimite Rubalcaba -¡ya era hora!- pero quiere dejarlo atado y bien atado. Se le sublevan en provincias. Sigue siendo más importante, quien manda que lo que se ofrece. Habrá Congreso y la ponencia volverá a estar carente de ideas por incapacidad intelectual, por la propia dinámica de la casta privilegiada que se asusta con la pérdida de la mamandurria y pone más fuerza para estar en la pomada que en conectar las ideas con las demandas del pueblo.
El problema no está en si la sociedad es de derechas o de izquierdas. ¡Valiente antigualla!. Lo que está gritando la gente es que: le escuchen, atiendan, justicia, igualdad de oportunidades, construcción de un país en el que se pueda ejercer con dignidad la condición de ciudadano.
Se está juzgando, desde el tejido social, mediante las redes sociales, el ignominioso comportamiento de la clase política, instalada en la democracia para pervertirla en su favor. El peligro tiene tres vértices. Extrema derecha, anarquía, comportamientos para cercenar las libertades con la disculpa del orden que reclaman las burguesías acomodadas al sistema y al mercado. Los comportamientos de los dirigentes tiene mucho que ver con su cultura, sus inconfesables intereses personales, su falta de valentía para la ruptura, que lleva al acomodamiento respecto de la partitocracia.
Los «varones» del Partido Popular están realmente aterrados, y mucho más cuando el presidente Mariano Rajoy pontifica, con la que está cayendo: «Vamos a vivir la mejor etapa».