La familia real es vieja amiga de la Feria del Libro de Madrid. Por allí han pasado los reyes, los príncipes y la infanta Elena, nuestra favorita. Todos los años alguno de ellos nos inaugura con entusiasmo y se recorre la milla de de oro de la edición morosamente, revolviendo entre las novedades, eligiendo y descartando títulos, comprando libros y, atención, pagándolos. En torno a ellos se desplaza un enjambre de políticos, del Estado, de la Comunidad, del Ayuntamiento, pero estos no compran libros. Total para qué, si no tienen tiempo para leer y además ya lo saben todo. Que los que mandan compren libros es importante, porque envían así un mensaje a sus administrados.
Han comenzado ya las ferias del libro gallegas, y las inauguran los alcaldes. Pues bien, desde aquí quiero proclamar el inicio de una nueva y original campaña de fomento de la lectura: ningún político sin su libro. A ver si va a resultar que la república nos va a traer mayor penuria cultural. Yo ya tengo dicho que no creo que la jefatura del Estado deba ser hereditaria, como no lo es una cátedra o un título de cirujano. Pero si los partidos políticos la quieren para ellos, deberán primero legitimarse ante el pueblo soberano. Los votos ya no son suficientes. Hay, además, que democratizar las tripas. Demostrar lo de la mujer del césar. Es verdad que España inició un proceso democrático en la transición, pero me parece a mí que se quedó atascada. Es el momento de cambiar, limpiando sus casas... y comprando libros.