Un país dividido en tres comunidades, la chií, la suní y la kurda, sin acomodo tras la guerra estadounidense contra el régimen de Sadam, en un país con el 12 % de las reservas mundiales de petróleo y con una guerra en su vecina Siria que ha dispersado a tres millones de personas y que ha atraído una gran masa de yihadistas, algunos españoles, es fácil comprender que el conflicto sirio tienda extenderse a Irak. Allí se ha concentrado un verdadero ejército, el Ejército Islámico de Irak y Levante (EIIL) que arrolla al Ejército nacional, ocupando importantes ciudades, ahora hacia Bagdad.
¡Menudo desastre!, pensará Obama, nos retiramos y ya están otra vez en guerra. Pero la Casa Blanca no está por volver a mandar soldados. Allí murieron muchos para la paz en Irak, un gran país, económica y culturalmente, para salir de una dictadura y entrar en una democracia ¿Qué pasó? Una mayoría chií, apoyada por Irán, conquistó el poder, dejando a los suníes en la región norte con los kurdos. En este espacio se ha hecho fuerte la yihad, y así Irak vuelve a una situación bélica de difícil arreglo. Y ya son dos países de Oriente Medio, Siria e Irak.