La imagen que más se recuerda de Jean-Claude Juncker es aquella en la que apretaba el cuello a Luis de Guindos cuando España estaba pasándolo muy mal. Pero no era de los que apretaban las tuercas, sino que fue partidario de dar más tiempo al Gobierno español para cumplir el objetivo de déficit. Seguramente el hombre que gobernó durante más de dos décadas Luxemburgo, el país más rico de la UE y un paraíso fiscal en el corazón de Europa, un veterano conservador, con amplia experiencia, que conoce como pocos las instituciones y las intrigas comunitarias, no sea el hombre ideal para conducir la integración europea. Pero es indudable que se las sabe todas y, sobre todo, es el elegido por Merkel, el verdadero poder fáctico que marca los límites. Además, mantiene una excelente relación con Rajoy. De momento, su designación para presidir la Comisión Europea ha provocado las iras del primer ministro británico, David Cameron, que ha advertido de que aleja más al Reino Unido de la Unión Europea. Habrá que ver también cómo lidia con los gobiernos de centro-izquierda de Hollande y Renzi.