Del «no estamos tan mal» al estamos peor

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

«No estamos tan mal». En el congreso del PSOE celebrado el 22 de julio del año 2000, un casi desconocido José Luis Rodríguez Zapatero arañó los últimos votos para hacerse con la secretaría general al comenzar su discurso con esa mínima declaración de optimismo en medio de la depresión general en la que había caído el partido tras la victoria por mayoría absoluta de Aznar. Catorce años después de aquello, y sobre todo de los doce años de Zapatero como secretario general, el partido está sin embargo mucho peor que entonces, hasta el punto de que a ninguno de los tres aspirantes a la secretaría general se les pasa hoy por la cabeza lanzar un mensaje de optimismo semejante. El PSOE está rematadamente mal. Y, por lo visto ayer, la cosa no tiene visos de mejorar sustancialmente a corto plazo.

El debate que celebraron los tres candidatos a la secretaría general es la mejor muestra de la crisis que vive el partido. Una crisis que, en contra de lo que creen algunos, no empezó en el 2011. De hecho, puede decirse que los socialistas llevan en crisis permanente desde mediados de los años 90, por más que en ese período hayan ocupado el Gobierno durante ocho años. Los parlamentos retóricos, hueros y sin apenas diferencias entre ellos que ayer plantearon los tres candidatos a la secretaría general están muy por debajo de los que enarbolaron en el año 2000 Zapatero, Bono, Rosa Díez y Matilde Fernández. Y directamente a años luz de los que sostuvo en su día Felipe González. Con éxito electoral o sin él, hace tiempo que el PSOE abandonó la coherencia y dejó de ser un referente nacional. Con Zapatero, los socialistas optaron por improvisar cada día su discurso, estirándolo como un chicle y adaptándolo a las circunstancias o a la conveniencia electoral. La consecuencia, ya se vio ayer, es el desconcierto ideológico y político.

Ese desconcierto se pone de manifiesto, por ejemplo, en una cuestión en la que un partido nacional con vocación de gobierno tiene que mostrar siempre claridad unánime: el modelo territorial. Ni siquiera después del debate sabemos cuál es el encaje que, a juicio de Madina, Sánchez y Pérez Tapias debe tener Cataluña en España.

El simulacro de debate mostró, por lo demás, una alarmante falta de autocrítica y una todavía más preocupante falta de propuestas. Desde ayer, sabemos que Madina, Sánchez y Pérez Tapias quieren derogarlo todo si llegan al Gobierno. La reforma laboral, la ley de educación, la ley de administración local, el concordato con la Iglesia y lo que haga falta. Bien. Pero ayer no escuchamos de su boca una sola propuesta para luchar contra la crisis económica. Uno de los momentos más clarificadores del debate se produjo cuando, hablando de la reforma laboral y de la lucha contra el paro, Madina propuso que «volvamos a donde estábamos». Se podrá estar a favor o en contra de lo que ha hecho este Gobierno. Pero volver a donde estábamos no es desde luego una opción. Ni para el PSOE ni para España.