La fórmula mágica

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

«Pensamos que hemos dado con la fórmula mágica para ganar», dice el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en uno de esos vídeos que perduran en Internet. Y lo dice con una expresión íntima de irrefrenable satisfacción. Pero no parece tratarse de una fórmula oculta, misteriosa o secreta, porque, en unas declaraciones a Venezolana de Televisión, asegura que aún se emociona al escuchar a Hugo Chávez, al que echa mucho de menos «por cuantas verdades ha dicho». La fórmula mágica parece quedar así desvelada.

Pero donde está más sembrado el líder de Podemos -y donde quizá se nos revela más peculiarmente infantil- es en sus confesiones personales. «Me molesta enormemente perder. No lo soporto. Ni a las chapas me gusta perder», afirma. O cuando nos cuenta que no quiere obtener un 15 % o un 20 % de los votos, sino la mayoría. Algo muy novedoso, porque, claro, los demás no tienen ambición y aspiran a perder siempre.

La verdad es que no me fascinan esos populismos radicales que manifiestan -un día sí y otro también- su voluntad de «hacer saltar por los aires el sistema». No acabo de ver las ventajas de la propuesta. Sé (no dejan de corearlo) que les tienen ganas a los responsables y directivos del Ibex-35 y a otros privilegiados del Estado, pero no acaban de pintar el cuadro resultante tras la demolición general, es decir, ese país de sus sueños que surgiría de las cenizas y que más parece una pesadilla que un objetivo deseable.

Muchos dicen que Iglesias no merece tanta atención, pero yo discrepo de esto absolutamente. Su discurso es tan mediático-populista como se quiera, pero también es distinto - «la deuda soberana no hay que pagarla»- y muestra una clara ambición de replantear los discursos políticos español y europeo. ¿Hay algún riesgo en ello? El tiempo lo dirá. Pero creo que si las otras fuerzas políticas no fuesen capaces de contrarrestar esta oratoria bolivariano-chavista, estaríamos mal. Porque sería la prueba de que los discursos en vigor han perdido contacto con la realidad. Y esto sí que sería grave.