Mientras Rajoy y Artur Mas preparan su encuentro en la Moncloa, el independentismo catalán está instalado ya en la Diada del 11 de septiembre y en el referendo de noviembre. El señor Junqueras, de Esquerra Republicana, le comunica a Mas que no debe negociar en Madrid nada que no sea votar. Los demás le presionan en línea parecida. Y las asociaciones Omnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana, auténticos poderes fácticos para la movilización popular, han lanzado un eslogan bien expresivo: «Ara ès l?hora» («Ahora es la hora»), que merece alguna reflexión.
Esa Asamblea que acabo de mencionar es algo que hay que tomar muy en serio. Ignoro si sus miembros son unos fundamentalistas, como a veces se dice en la prensa de fuera de Cataluña, pero desarrollan una actividad incansable: cada fin de semana celebran actos en 600 municipios de los 800 de Cataluña. Naturalmente, todos de promoción de la independencia. Son auténticos apóstoles de la soberanía nacional y han demostrado su poderío en las últimas Diadas: la del 2012, que supuso la pérdida del miedo a las palabras y relanzó el independentismo, y la cadena humana del 2013, que constituye una de las mayores acciones de reivindicación popular de los últimos años.
Por eso, cuando dicen que ahora es la hora, quizá estén enviando un aviso con esa capacidad que han demostrado de acertar con los eslóganes. Acertaron, aunque nos duela, con el «España nos roba», consiguieron convertir en un principio democrático el «derecho a decidir» y en este instante le dicen a la ciudadanía catalana que este es el momento de dar el golpe definitivo: o ahora o nunca.
Y quizá tengan razón: o aprovechan este período de baja valoración de España, de antipatía hacia el partido gobernante por sus errores pasados y hacia el Gobierno central por ser inflexible frente a las demandas soberanistas, de ausencia del Estado en la opinión pública, de manifiestos por la unidad en los que apenas hay catalanes y de estallido de las redes sociales contra la unidad nacional, o tardarán mucho en encontrar una ocasión tan propicia para sus fines. De hecho, la negativa de Rajoy a la consulta será explotada como una restricción de sus derechos. No hace falta ser profeta para anticiparlo.
Cuidado con esto, porque entre las intenciones de la Asamblea Nacional Catalana figura la movilización continua de la sociedad. Fracasará o triunfará, eso está por ver; pero esa es la estrategia y la hoja de ruta de unas asociaciones cívicas con más poder de convocatoria que los partidos políticos y, desde luego, que los partidos que defienden la unidad. El porvenir de la tensión secesionista está por escribir, pero los más radicales la quieren conducir hacia la insumisión.