Octopus

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

27 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

En realidad hay que estar muy despistado o tener muy mala intención para acusar de plagio al autor del cartel de la feria del pulpo de Carballiño, o las dos cosas. Es como acusar de plagio a quien use la Monna Lisa para un anuncio de yo no soy tonto, por ejemplo. A mí no solo me encanta el montaje, sino que me emociona que el tal James Sowerby, coautor del cartel, haya colocado uno de sus grabados en el corazón de Galicia atravesando dos siglos. Eso sí que es perdurar. Les recuerdo que ya en Fragmentos de Apocalipsis, del gran Torrente (don Gonzalo, no el payaso), el mismísimo maestro Mateo hacía un viaje astral al futuro, y llegaba a Compostela en los años setenta para echar un vistazo al Pórtico de la Gloria y volver luego a su siglo doce a terminar el trabajo. Y el pulpo, una de nuestras señas de identidad más unánimes, resulta que nos llega ahora desde la lejana Inglaterra para humillación del nuestros pescadores. La fiesta de Carballiño bien puede ser una feria medieval, y no esa charanga que anda de gira por nuestras ciudades. Antes en las ferias de ganado el trato no estaba hecho hasta que ambos, comprador y vendedor de la vaca, no comían juntos un plato de pulpo. Allí, en Carballiño, y también en Chantada, Lugo, Santiago y en los lugares donde -hasta que a famosa locura vacuna asoló las ganaderías- se celebraba la santísima ceremonia de la trata de marelas, la ceremonia se bendecía con pulpo. Por eso, a mí, que el pulpo no me lo toquen. Y a Xesús Carballido, el autor del cartel de la polémica, tampoco.