España está en riesgo de exclusión moral

OPINIÓN

09 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Este país, que gasta semanalmente cientos de miles de euros para atender los comas etílicos y narcóticos de alocados botellones y furiosas discotecas, se ha planteado -en serio y en frío- la asquerosa posibilidad de cobrarle a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios el traslado a España del padre Miguel Pajares. Y lo peor, pienso yo, no es la miseria humana y política que subyace detrás de esta bobada, sino la terrible y consecuente presunción de que la inmensa mayoría de los españoles desconocen que la mencionada orden, ejemplo de solidaridad y entrega, es una gloriosa inspiración del granadino de San Juan de Dios, que es reconocida en más de cuarenta países por el sobrenombre italiano de Fatebenefratelli, es decir, «los hermanos que hacen el bien».

Este país, que moviliza todo el sistema sanitario de Navarra para atender a los heridos por asta de toro o por el vino tinto de los Sanfermines, que gasta millonadas para rescatar a deportistas inexpertos y temerarios que se pierden en las montañas y simas o se meten en los aludes de nieve, se pregunta ahora -en serio y en frío- si el rescate de un misionero es propio de un Estado laico o si conviene ejemplificar con esta cutre restricción que los católicos somos los únicos que no cabemos en el pluralismo exacerbado de nuestra Constitución.

A este país, que sale a rescatar pateras, que acude gratis a terremotos y tsunamis, que cree en los derechos sanitarios de todos los simpapeles, y que no discrimina a ninguna minoría natural o artificial, le entra el canguelo cuando el rescatado es un misionero con ébola, como si los médicos no supiesen lo que hacen, o como si la UE pudiese blindarse, cerrando los ojos, frente al mundo que la rodea.

Este país, que debería sentirse orgulloso de sus órdenes religiosas, jamás se ha preguntado qué harían Francia, Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos -porque solo Italia se puede comparar- si de sus gentes y sus sabios hubiesen brotado los jesuitas, los dominicos, los mercedarios, los jerónimos, los carmelitas descalzos, los agustinos recoletos, los hospitalarios de San Juan de Dios y tantas otras instituciones que fueron cumbre de servicio, erudición y caridad en todo el mundo. Ellos se sentirían deudores de su labor. Pero a nuestros políticos y analistas, ignorantes donde los haya, les ha dado por convertir la descristianización en la imposible señal de identidad de España. Y por eso andamos a diario con estas majaderías: a cualquier marginado se le ofrece lo que sea, salvo que sea dominico o jesuita, que en ese caso deja de ser responsabilidad del Estado. Ni siquiera cuando somos grandes y solidarios estamos orgullosos de hacer lo que finalmente hizo el Gobierno. Porque hemos sustituido los valores de siempre por trapalladas «correctas» que a nadie convencen, pero que nadie discute.