Los dioses malvados

OPINIÓN

24 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

C onvendrán conmigo que algunos dioses son bastante bestias. Desde luego el dios ese al que unos tíos le ofrecen las cabezas cortadas de los periodistas, las vidas de los perros infieles, de los no creyentes, de las mujeres adúlteras muertas a pedradas. Son dioses que coleccionan, como las capillas de piedra de la costa gallega, orejas, manos y lenguas del ojo por ojo. Dioses sanguinarios. Los dioses mayas calmaban su furia con sangre y nuestro Yahvé se pasa el libro del Génesis haciendo tropelías, mandando plagas, destruyendo ciudades como Sodoma o Chueca. Santa Teresa, de niña, se escapaba de casa para descabezar infieles, que menos mal que la guardia civil la pillaba a tiempo. Luego, claro está, sentó la cabeza -la suya- y se dedicó a sus fundaciones y a la lírica, y hoy es una de las más grandes poetas españolas; y encima santa. ¡Ay Fray Luis! No quiero yo frivolizar con la bestiada de los fanáticos islamistas, pero sí me gustaría quitar el traje a todos los que se disfrazan. Dejar al canalla desnudo. Porque Dios todo lo aguanta. El Dios de uno es como la madre de uno, que le peina el remolino antes de que se lo lleven a la cárcel para cumplir pena por violación. Por estas longitudes hemos quemado muchas brujas como para hacernos los tontos. Sabemos de qué va. De fanatismo, de maldad, de poder y de dinero. Nosotros, que ya no quemamos a Juana de Arco ni a Miguel Servet, tenemos que acabar con los que todavía lo hacen. Y me consta que el papa Francisco está de acuerdo conmigo.