Mucho tendrán que explicar Díaz y Besteiro

OPINIÓN

30 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Los socialistas, que andan escandalizados con la reforma electoral del PP, y que claman contra una propuesta no pactada que puede impedir las mayorías multipartido de las izquierdas derrotadas, se preparan estos días para presentar su reforma no pactada de la Constitución, que pretende reformular el ser y la esencia de España, y que supedita todos los consensos históricos a un desagravio a Mas y Junqueras que sus propios destinatarios rechazan. Es la parábola del que ve la paja en el ojo ajeno pero no ve la viga en el propio. O la del listo de la clase que está dispuesto quemar el tren para que la máquina corra más y chufle mejor. ¡Pobre país! Porque más allá de la improvisación y las prisas, que a ningún sitio conducen, parece que el PSOE apunta a tres genialidades que conviene destapar.

El primer principio de la nueva Constitución es que España va a ser una confederación asimétrica con dos naciones: una rica y moderna, llamada Cataluña, que vista por dentro será unitaria y centralista, y otra que atufa a incienso y ajo, que llamaremos «el resto», y que en su interior será una federación de estilo venezolano. Con esta forma de encajar a Cataluña se le darán a Mas nuevos ímpetus e instrumentos para mantener el jaleo y para garantizar la eternidad y el emponzoñamiento del problema. Pero Sánchez cree que todo precio es pequeño si podemos decir que hemos dialogado y que ya somos un país federal.

La segunda genialidad consiste en darle a Cataluña un régimen fiscal especial, cosa que solo podría hacerse a costa del equilibrio territorial y social del país. Lejos de rectificar el error vasco, que afecta a dos millones de habitantes, se quiere culminar tan insostenible machada en una comunidad de ocho millones. Y por eso tendrán que explicarnos este asunto a los andaluces, gallegos, asturianos y extremeños, pero también a los madrileños y baleares. A unos porque vamos a descarrilar definitivamente, y a los otros porque tendrán que asumir el déficit de solidaridad que va a crear el privilegio confederal.

El tercer elemento que tienen que aclarar los socialistas es si el trato preferencial que le quieren dar a Cataluña, y que todos tendremos que votar con alma de tontos y cara de risa, es si esta solución va a servir para todos los que a partir de ahora se sumen a la estúpida idea secesionista y convoquen un referendo. Porque si tal astucia se consagra como lógica, no sé a qué esperan Díaz y Besteiro para quitarle a Xavier Vence la bandera soberanista, confiando en que vendrá Sánchez I el Dialogante a pagarnos la paz con pensiones más altas y un régimen fiscal a la medida.

Y menos mal que al PSOE le gusta el consenso. Porque si llega a ser autoritario, como el PP, le regala Cataluña a Hollande y no nos enteramos hasta el día siguiente. En la portada de Le Monde, obviamente.