El mayor riesgo de Internet

OPINIÓN

07 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El excelente estudio dirigido por el profesor Antonio Rial y coordinado por el Valedor do Pobo, sobre el uso problemático de Internet entre los adolescentes, ha puesto cifras a toda una serie de fenómenos preocupantes vinculados al uso de Internet por los más jóvenes. Ya intuíamos la importancia de estos malos usos por su presencia en la vida cotidiana, y por la aparición regular de noticias que nos revelan la extensión de prácticas como el bullying o el sexting a través de Internet.

La Red es un gran instrumento facilitador. Facilita lo que habita en cada uno: sea el interés por la literatura, o la sublimación en general, o bien los impulsos de dañar y las bajas pasiones. O las dos cosas a la vez, ya que el ser humano está dividido entre sus ideales y sus goces no confesables. Internet no inventa nuevas formas de goce, simplemente las facilita. Por ejemplo, el interés de los adolescentes varones por la pornografía es algo bien antiguo, solo que ahora está al alcance de un clic. Por eso el estudio mencionado arroja que el 17,3 % de los adolescentes gallegos (entre los 12 y 17 años) han entrado en páginas web de contenido erótico. Aunque tal vez, distinguiendo más entre franjas de edad y por sexo (y contando con que todos los que lo hacen lo admitan), el porcentaje variaría mucho al alza.

¿Esto significa, entonces, que nada cambia cualitativamente? ¿Es Internet, sin más, una herramienta facilitadora de lo que siempre existió? Considero que no. El privilegio que adquieren las pantallas en la civilización actual produce transformaciones en las relaciones personales y en la comunicación, y contribuye a diluir las diferencias generacionales.

Cambian las relaciones personales, porque se privilegia el contacto sobre la relación presencial, la conversación se sustituye por la conexión, y el diálogo es sustituido por los monólogos en Red. Por eso vemos como los intercambios en las redes sociales, con demasiada facilidad, se reducen a ser catalizadores del insulto. El mundo, y la relación con el mundo, pasa por las pantallas, por eso lo real se reabsorbe en la imagen y nada parece que exista si no está en una pantalla. Este privilegio de la imagen, y de la instantaneidad, va en contra del tiempo de razonar y de comprender.

Por eso, más allá de las prácticas concretas de riesgo, o los malos usos de Internet que a todos nos resultan evidentes, se desliza el peligro de que los fundamentos de la transmisión simbólica, y la práctica educativa misma, queden tocados. Internet diluye las diferencias generacionales porque muchos padres actuales tienen una relación con las pantallas que no se distingue de la de sus hijos. Y, si algo es seguro en materia de educación, es que se educa con lo que se hace, no con lo que se dice. ¿Cómo pueden servir de contrapeso a la tiranía de las pantallas, que asedia a los niños y jóvenes, esos padres chateadores de la madrugada?

El auténtico riesgo de Internet, para nuestros adolescentes, puede venir de que el mundo «apantallado» favorece un decaimiento de la transmisión simbólica, incluida la referida a su propia historia familiar. Esto produce una desorientación general y los jóvenes acaban sustituyendo su novela familiar, que ya nadie les cuenta, por las ficciones de las series de televisión. Igualmente sustituyen el juego, que partía de la fantasía individual, por la dependencia adictiva de las pantallas que obstaculiza el acceso al saber. Por eso, el mayor riesgo de Internet se está desarrollando de modo silente, fuera de todo control, y no es el que más alarma social suscita.