El bozal de «Excalibur»

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

13 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Es verdad que la vida puede cambiar en un minuto. Si piensan en Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada de ébola, en su familia y en su perro Excalibur, entenderán lo quiero decir. Una existencia aparentemente normal se ve truncada por unos hechos involuntarios que cambian de manera radical su existencia y sus proyectos. En estos casos, la mayoría de los ciudadanos reaccionamos con una mezcla de perplejidad y dolor que nos aproximan a quienes sufren un duro golpe en su vida.

Es verdad que en este asunto del ébola se han hecho cosas mal. Si piensan en los fallos en los protocolos de actuación o seguimiento, o en la rueda de prensa de la ministra que pareció convocada para asustar a la población, también entenderán a que me refiero. En estos casos, una gran mayoría de los ciudadanos reacciona con cautela a la espera de que la información de los científicos, y no de los políticos, les devuelva la tranquilidad.

Lo que realmente es escandaloso, y los ciudadanos deberíamos revelarnos, es que la sanidad madrileña esté en manos de un señor con tendencia a la verborrea, falto de la más elemental educación y carente de la más mínima sensibilidad. Este señor llamado Javier Rodríguez, cuya procedencia desconozco, se ha permitido despacharse a gusto con la paciente en una situación límite para su familia.

La ha acusado de mentir sobre la fiebre que tenía, ha puesto en duda su profesionalidad con la gracia de que «Para explicarle a uno como quitarse un traje no hace falta hacer un máster», afirmando, finalmente, que se trata de una frívola por ir a la peluquería. Todo esto lo ha hecho sin recato, en los medios públicos y sin síntomas de arrepentimiento. Créanme, más de una vez he criticado desde estas páginas al anterior consejero de sanidad pero este tipo me lo está poniendo muy difícil.

Algo extraño pasa en la sanidad madrileña con los consejeros y no se cuál es la explicación. Primero desmantelan hospitales y juegan con la puerta giratoria, después quieren privatizarlos junto con los centros de salud y ahora este extraño hombre quiere ocultar sus carencias bajo la situación crítica de una familia. Es realmente indignante.

Los ciudadanos no deberíamos tener compasión de quien así se comporta, ni de quienes, con sus políticas, entorpecen el trabajo de las unidades de enfermedades infecciosas. Ahora esos especialistas serán llamados para sacar las castañas del fuego a los políticos que no valoran su trabajo. Lamento de verdad la situación, porque la están pasando Teresa Romero y su familia. No me da vergüenza decir que lamento también lo de Excalibur, pero al menos su bozal servirá para el consejero.