Corrupción en Washington o en Murcia

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

02 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Pero no todo va a ser cultura clásica. Si no son hombres de letras, tienen maravillosas letras que entran por los ojos en House of Cards. Una serie demoledora sobre lo devoradora que es la política. Van dos temporadas y está pendiente de unos flecos una tercera. El retrato que se hace de la colina, de la Casa Blanca, de Washington es tremendo. Es como la versión hardcore de El ala oeste de la Casa Blanca, la versión 2.1. Aquí no hay buenismo. Kevin Spacey y Robin Wright, en el papel de su mujer, son malvados que nadan en el ingenio más gélido. Son calculadoras con piernas. Son despiadados como si la vida fuese salir de cacería. Forman un matrimonio cuyo patrimonio es medrar y medrar, sin importar cómo, quién ni cuándo ni dónde. Solo importa el porqué: por subir y subir. ¿Qué tiene el poder que crea adictos? ¿Qué tiene un sillón para que brillen los metales? El guion de House of cards es un cuchillo. «El poder es como la propiedad inmobiliaria. La clave es ubicación, ubicación, ubicación. Cuando más cerca estés del poder más vale tu propiedad». Y, por estar cerca del poder, se entrega al peso el alma. Otra frase ponzoñosa de la serie. El político se la dice a la periodista que también quiere medrar: «Mantenerse a flote es lo mismo que ahogarse para gente como usted y como yo». Flotar no sirve. Es aburrido. Necesitan más. Ambición, de la insana, de la que se vale de todo y de todos, como único horizonte. En Washington y en Murcia.