Mariano, Esperanza, veamos. A nosotros no nos preocupa que haya corruptos ni asesinos ni ladrones, porque siempre los ha habido. El Derecho Romano se llama así no porque esté rebozado y frito, sino porque viene de Roma. O sea que hace por lo menos veinticinco siglos que se roba. Lo que nos preocupa es que tenemos la certeza de que aquí lo que existe es un sistema perfectamente estructurado que convive con el robo. Estoy hablando, como mínimo, de los dos grandes partidos, que pagan sobresueldos, financian sus campañas con dinero negro o, en el mejor de los casos, piden préstamos que no piensan devolver. Y de los banqueros que aceptan ese juego. Y hablo también de los corruptores, las empresas, grandes y medianas, que pagan comisiones a los políticos y los funcionarios con pasmosa normalidad. Hablo también de los sindicatos, que han creado un multitudinario medio de vida -de buena vida- a costa de nuestros impuestos. Nos insulta Esperanza y nos insulta Mariano cuando nos piden perdón por haber sido tan confiados. Es como cuando en una entrevista alguien famoso nos dice que su peor defecto es el perfeccionismo, ¡anda ya! Porque digo yo que en su arrepentimiento algo habrá tenido que ver la Guardia Civil.
Si Mariano tuviera un par, pondría patas arriba su partido, sacaría adelante una ley anticorrupción sencilla y eficaz, y terminaría su mandato, para no volver a presentarse. Eso es ser un hombre de Estado. Y mi mayor defecto es la puntualidad.