Vinieron las lluvias

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

09 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

La lluvia en la literatura viene a romper el dramatismo del calor o, cuando permanece, envuelve como un líquido amniótico los estados de ánimo. Ejemplo de lo primero es Vinieron las lluvias, de Bromfield, y de lo segundo Mazurca para dos muertos, de Cela. Y de ambos el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, de García Márquez. Nuestra lluvia, la que ha llegado esta semana, podría ser, si quisiera, una metáfora de lo que se viene a llevar por delante toda la podredumbre de Dinamarca, que diría Hamlet. La podredumbre y el calor que adormece voluntades y relaja el músculo y la moral, que meridionaliza la sociedad. Los hombres del tiempo, que ahora son casi todos mujeres, han comenzado a mandarnos las borrascas, yo creo que con cierto rencor por la bonanza que le hemos arrebatado al Mediterráneo durante el mes de octubre. Pero aquí estamos dejando la resignación meteorológica por la participación activa. Es el nacimiento del Podemos del tiempo. Se está cambiando el «ya lo pagaremos» del sol del otoño por el «pues mira, ya nos hemos sacado el mes de octubre de encima». Nos estamos metiendo de cabeza en el túnel del invierno. El túnel de los horrores, en el que nos acechan disfrazados de muertos vivientes Rodrigo Rato, Urdangarin, Bárcenas, o el gran Fernández Villa con su síndrome confusional. Esperemos que cuando salgamos al campo abierto de primavera encontremos el cielo despejado. Y podamos volver a las urnas con la frente limpia y el corazón contento, como Marisol y Palito Ortega.