El protagonismo del descontento

OPINIÓN

10 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Las elecciones en EE.UU. y la última entrega del CIS en España han venido a confirmar el protagonismo del descontento de los ciudadanos. Quizá no sea exacto el paralelismo, pero algunos datos permiten relacionarlos para la reflexión. El prometedor presidente americano, que había suscitado una ilusión desaparecida, ganó a su contrincante, entre otras cosas, por su posicionamiento frente a la crisis económica. Cómo es posible que sus compatriotas e, incluso sus compañeros, que tenían que afrontar la elección, se hayan alejado de él, cuando el desempleo ha bajado de un alarmante -allí y en cualquier país- 9,5 % al 5,9 %, la economía crece a un ritmo sostenido, el déficit ha descendido del 9 % al 2,9 %. Un balance macroeconómico brillante y, sin embargo, una amplia mayoría del país desaprueba la gestión del presidente, lo que se ha comprobado en el bofetón sufrido por los candidatos de su partido en las elecciones. Habría que acudir a otros datos para explicar esa reacción. Probablemente al incumplimiento de promesas, algunas de ellas formuladas de un calculado modo pragmático en su reelección en favor de los inmigrantes latinos. Sin pretender ser exhaustivo, podría concluirse que dilapidó el gran patrimonio con que empezó.

Ese es el apólogo real que puede servir para explicar la aparente sorpresa del diagnóstico del CIS. No es definitivo, no es la expresión del ejercicio del derecho al voto. Quizá no pueda extrapolarse al que saldrá de las urnas. No sé si supone la liquidación del bipartidismo que se aventura. Algo expresa y sería insensato minusvalorarlo o interpretarlo solo desde la ventaja relativa para el mantenimiento del Gobierno. El presidente Rajoy obtuvo y mantiene una mayoría absoluta en el Parlamento. Su valoración personal baja al 2,31 sobre un máximo de 10 y la vicepresidenta, que concentra un amplio poder formal y real, obtiene un 2,9. El PP ha bajado en intención de voto del 44,63 % al 27,5 %. Y todo, aunque el paro oficial sigue siendo escandaloso, con la mayoría de datos macroeconómicos mejorados y se presenta a España como el país que resiste en vanguardia el apunte de recesión que se vislumbra en Europa.

Rajoy parece haber jugado su éxito a la sola carta de la mejoría económica. Es arriesgado. Con independencia de que tarde en reconocerse por los ciudadanos, desde abajo a las clases medias, no es el único factor a tener en cuenta. La corrupción ha pasado a un primer plano, con lo que no se contaba, y está minando de un modo generalizado la confianza en la que se basa un sistema democrático si atendemos al aviso del CIS. Cómo no va a disminuirse si se incumple lo esencial del programa electoral que la reclamó. Si no se explica debidamente por qué se hizo; si solo hay cálculos electorales, que terminan siendo rebasados por circunstancias no previstas. El descontento clama por una regeneración de la vida pública, un nuevo modo de hacer y de relacionarse con los ciudadanos. Revertir el descontento, esa es la clave.