Alaya y su maleta

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

12 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Como aquí no tenemos los Oscar, nuestra alfombra roja es el paseíllo a la puerta de los juzgados, donde ya hemos visto no solo a los famosos, sino incluso a las altas autoridades y dignidades del Estado. Por ahora el top del paseíllo judicial lo encabezan una infanta y un exvicepresidente del Gobierno.

Desfilar sin titubeos sobre la esterilla de nuestro humilde Dolby Theatre, la misma que tienden cada mañana las televisiones y sus directos entre la acera y la escalinata de los tribunales, tiene algo de coreografía de natación sincronizada. Requiere un coordinación exacta, una combinación de los movimientos, los gestos, las sonrisas y los saludos que no está al alcance de cualquier indocumentado. Por algo la chusma entra sin más, con la cabeza gacha, sin cámaras ni coches blindados en la acera de la audiencia provincial, y luego están los profesionales del paseo, toreros de sí mismos, que van templando y midiendo los tiempos hasta que se arriman al arco detector de metales, despreciando mucho a la prensa y a esa señora, todo agallas, que siempre está apostada en la puerta del juzgado para insultar al exministro trincón.

Pero, paradójicamente, quien borda el arte del paseíllo judicial no es un acusado, sino una jueza. Se llama Mercedes Alaya, siempre impecable, hierática, perfecta, caminando con su maleta de ruedines desde el taxi a su despacho, entre redada y redada. No sabemos qué lleva en ese trolley, pero la maleta de Alaya empieza a cobrar la altura mitológica del maletín de Pulp Fiction.