A la primera potencia económica del mundo le han surgido algunos contratiempos originados por dos partes que defienden la democracia participativa. Estos son, Hong Kong y Taiwán. En la antigua colonia británica, los estudiantes han ocupado el centro de la capital reclamando que los candidatos al puesto de gobernador de la ciudad para las elecciones del 2017 sean nominados por los ciudadanos y no por el Gobierno de Pekín. La reacción oficial fue emplear la policía, que se enfrentó a los estudiantes sin mayores consecuencias, porque los manifestantes siguen allí, con lo que se conoce como la «revolución de los paraguas». Tienen que andar con mucho tiento, porque en Hong Kong están invertidos los principales capitales de China, que sufre el primer combate por la democracia.
El presidente de Taiwán también expresó su apoyo al movimiento democrático de Hong Kong, aunque rechazó las protestas violentas. El presidente de China, Xi Jinping, aprovechó esta ocasión para declarar la teoría de que China, al incorporar a Taiwán, sería «una nación con dos sistemas», igual que Hong Kong, lo que también fue rechazado, aunque Taiwán solo sea reconocido por 20 naciones pequeñas. Vemos así cómo los chinos entienden la convivencia política del comunismo con la democracia liberal del capitalismo. Es como la cuadratura del círculo, pero ellos son capaces de hacerlo, o por lo menos intentarlo.