Ciclistas

OPINIÓN

16 nov 2014 . Actualizado a las 04:00 h.

No tengo nada contra los ciclistas. Es más, soy ciclista. Y es por esta condición por la que me considero un privilegiado frente al resto de los que se desplazan en las ciudades por otros procedimientos distintos a la bicicleta, «la nueva élite de la ciudad», como tituló La Voz de Galicia con indudable acierto.

Como ciclista puedo circular por la acera, por la calzada, por el carril bus y por el carril bici; puedo hacerlo sin luces y vestido de negro de pies a cabeza; sin frenos, sin casco y a cualquier velocidad; puedo hacerlo por dirección contraria y saltarme los semáforos pasando a la acera y volviendo a la calzada. Y puedo dejar la bici donde quiera y hasta encadenada al mobiliario público. ¿No soy un privilegiado en este mundo de leyes y ordenanzas?

Como peatón tengo que cruzar por los lugares habilitados y caminar por la acera o en sentido contrario al de los vehículos si se carece de aquella; como automovilista, circular por la calzada, en la dirección permitida y estacionar donde está regulado; como motorista, desplazarme únicamente por la calzada, aunque gozo de más manga ancha y lo hago a veces por la acera y en dirección prohibida, y aparco donde quiero.

Gozan de similares privilegios a los ciclistas los que se van sobre patines y los que lo hacen sobre tabla de ruedas y patinetes eléctricos o de impulso animal. Y hasta son titulares del derecho a la baja laboral remunerada si sufren un accidente in itinere, como sentenció hace poco un tribunal laboral. Y este último colectivo, cada vez más numeroso, serpentea entre coches y peatones; sube y baja cuestas, y mete en la mochila el artilugio cuando llega a destino.

Los últimos en incorporarse al tráfico por las aceras han sido los que recogen chatarra en carritos de supermercado, que a veces llevan atravesados larguísimos hierros a modo de guillotina, y los que hacen footing, en grupo o en solitario, con calzón corto o en chándal y todos con zapatillas deportivas multicolores, empleando casi siempre la línea recta sin que nada les desvíe. Cuando llegan a un semáforo se lo saltan con deportividad o esperan dando rítmicos saltitos para no enfriarse.

Ahora bien, los héroes de verdad, dignos de medalla municipal, son los simples peatones que consiguen llegar sanos y salvos a su destino después de sortear ciclistas, motoristas, patinadores, tablistas, chatarreros y corredores. ¿No creen?