El dinero

Blanca Riestra AL DÍA

OPINIÓN

17 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Uno de los misterios, en estos días de perenne desfile de gigantes y cabezudos, es la naturaleza esquiva y traicionera del dinero. ¿Cuál es nuestra relación con él? ¿Qué promesas, qué seducciones vieron Fabra, Granados, Pujol, Urdangarin en las cifras crecientes, incontrolables, en esos garabatos que marean? A partir de una determinada cantidad, el dinero deja de tener significado y la pulsión de enriquecerse se convierte en mero coleccionismo, una adicción como cualquier otra. ¿Qué estaban comprando cuando trataban de hacerse ricos, y luego más y más ricos? ¿No han sido ellos también víctimas de una obsesión social que nos asola y que no hace más que aumentar día a día, en paralelo con el descontento y con el miedo? Claro, estaban tratando de comprar lo que todos deseamos pero ninguno podemos conseguir, tampoco pagando. La felicidad, la seguridad completa, la belleza, la inmortalidad. Todo lo que los publicistas nos ofrecen a manos llenas, pero nunca cumplen. El imaginario del mundo capitalista es fascinante, desesperado, ese Olimpo del From rags to riches, del Land of plenty, el reino de Shakira, de las Kardashian, de Bisbal, de Adán y Eva. Pero el dinero no es nada, decía Beppe Grillo. Condonemos la deuda, borremos esos dibujos en la pantalla de alguien que ni conocemos. El dinero es espejismo. O quizás signifique algo más. En In Time, película del 2011, la moneda de cambio era el tiempo. Los ricos disfrutaban de millones de días, los pobres solo de algunos años que discurrían en una angustiada cuenta atrás.