El relevo de Chuck Hagel como responsable de Defensa de EE. UU. significa un cambio de estrategia de la Casa Blanca, forzada por la pérdida demócrata en las elecciones legislativas recientes, y por el desacuerdo de los jefes del Pentágono sobre la marcha de la guerra en Irak y Siria contra el Estado Islámico (EI). Ambas acciones, política y militar, son consecuencia la una de la otra. Obama, Nobel de la Paz, intentó una política más preocupada de los problemas internos (sanidad e inmigración) que de atender a los innumerables frentes de la política exterior (Oriente Medio, Ucrania, Rusia y China). Pero los acontecimientos suceden a tal velocidad que Obama está teniendo una baja de liderazgo exterior, lo que ha llevado a que los generales responsables de la defensa reclamaran más atención a los frentes de batalla, en especial al de la guerra contra el EI, que lleva la iniciativa. Los bombardeos no son suficientes y se necesitan más soldados, por eso ha reforzado los de Irak. Obama acaba de autorizar tropas en Afganistán, precisamente cuando había empezado el repliegue. Parece que no quieren que suceda como en Irak con los yihadistas.