E l etiquetado de alimentos que está a punto de entrar en vigor trata de dar información clara, nueva y útil al consumidor. Precisando su origen, pero escamoteando en este negocio algo esencial: que el nombre de un territorio es algo más que una apelación al patriotismo. Es una cuestión de calidad y de marca propia. Ligar Galicia y pesca es algo tan común como butifarra y Cataluña. El mal precedente de dejar que el mejillón se etiquete a capricho, indicando que es gallego como mera concesión a voluntad, sin explicar de qué rías ha salido, se puede generalizar. Galicia no existe si una de sus principales señas, de sus principales tractores económicos, la pesca, no se reivindica, no se reconoce, en la pescadería. Y es absurdo dejar al consumidor sin saber si de dónde viene el peixe y explicarle en cambio el arte con el que se ha atrapado.