Del año que se ha ido

OPINIÓN

05 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada quien ha podido hacer un repaso mental de lo que ha supuesto el año 2014. No pretendo mostrar el elenco de asuntos sobresalientes, de lo que han dado cuenta los medios de comunicación social. Algunos quedan acotados en ese tiempo. Otros, para bien o para mal, seguirán desarrollando efectos en el año apenas comenzado. Habrá ocasión de comprobarlo. Entre los que suponen un fin de ciclo, aunque no vital, se encuentra la abdicación de Don Juan Carlos.

No estaba prevista en su programa personal. Fue necesaria para salvar la Corona. Se repetía, aunque de diferente forma y por motivos distintos, la operación de salvamento que exigió el sacrificio de su padre, don Juan de Borbón a quien Franco había vetado.

Se han proporcionado explicaciones del porqué de la abdicación que no es preciso enumerar, en el que cuentan su propio comportamiento personal, el cambio de tolerancia en la sociedad y el asunto judicial de su hija Cristina y su esposo, con intensa repercusión en la opinión pública. Tengo para mí que esto último ha sido decisivo.

La abdicación estableció un cortafuego ya que la infanta no es ahora hija del Rey, sino hermana. El final, aunque con la dignidad que era de esperar de los titulares de la Corona, no fue majestuoso. Don Juan Carlos desapareció del balcón del Palacio de Oriente con esa doble pregunta que ahora se ha reproducido «Nos vamos, ¿no?». Había cumplido con una obligación asumida en cuya necesidad tuvo mucho que ver. Su largo reinado, que se corresponde con la democracia y la transición a ella, hubiera debido tener un final más cordial. Con sus errores, más personales que de Rey constitucional, ha sido fundamental para el sistema de libertades y progreso de lo que somos beneficiarios. Un claro activo en nuestra historia. Me parece de justicia declararlo.

Ojalá que se encuentre el momento propicio y el formato adecuado para un reconocimiento socialmente amplio de quien desde su mensaje inicial ha querido ser Rey de todos los españoles.

Si el referido asunto judicial provocó en su mayor medida la abdicación de Don Juan Carlos, resultará fácil de comprender el profundo malestar que le haya producido el comportamiento de su hija y de su yerno. La soledad familiar ha aumentado ahora que no tiene la ocupación y responsabilidad de Jefe del Estado. Aquellos, de otra parte, han de quedar oficialmente separados del Rey al que no deben contaminar.

Sucede que con independencia de lo que constitucionalmente se considera qué es la familia del Rey, siguen existiendo padres, abuelos, nietos, hermanos. Una difícil cuestión de conciliar y a resolver como cualquier familia con un problema parejo.

Presionar públicamente para que la infanta Cristina renuncie a unos derechos de ejercicio inverosímil no ayuda a lo pretendido. Debería abordarse en familia. Su mantenimiento no daña el prestigio de la Corona como tampoco, en general, conductas que pudieran ser criticables de personas que no forman parte de la Familia del Rey.