Uno lee. Otro lee a veces. Y el tercero directamente no lee libros. Así es el trío español de la lectura, según los interrogatorios del CIS. Hemos conocido esos datos al poco de que Mark Zuckerberg, sí, han leído bien, Mark Zuckerberg, se haya pasado al fecundo universo diverso de los libros. El rey de las redes sociales, tan fugaces, ha decidido que es fundamental leer. Y ha montado un club de lectura de tochos. No cualquier aperitivo. No. Zuckerberg ha empezado recomendando a Moisés Naím, pensador de peso, para intentar la comprensión del mundo contemporáneo. Y ha recalcado que hay que leer para amueblar la mente. Este artículo no pretende ser otro llanto por la falta de lectura en España. Ya está bien de odiarnos tanto. Aunque es terrible que un tercio de los encuestados digan que no lee y muchos recalquen que no les interesa esa actividad, hay otros dos de cada tres que sí disfrutan del placer de la lectura. Les gusta hacerlo en papel. Y prefieren la novela. Pero tocan en el piano de las palabras. No todo está perdido. Dejemos de insultarnos por todo. Uno de esos que la gozan con las páginas lo hacen todos los días o casi todos los días. Y picotean en la ficción y en la realidad. Les gustan las novelas, decíamos, pero también leen para informarse. El papel protagonista de la prensa. Leer es un placer. Uno de los mayores placeres. Y, con cabeza, tiene beneficiosos efectos secundarios y casi nulos defectos secundarios. Benditas librerías y bibliotecas, fértiles siempre.