Los mármoles de Elgin

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

25 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Mientras ustedes leen esta columna, allá a lo lejos, por naciente, los griegos hacen colas para meter papelitos en las urnas. Ellos, que lo inventaron todo -por ejemplo la democracia-, se ven ahora abocados a cerrar el país o vendérselo a los alemanes. Quién lo diría hace apenas veinticinco siglos, cuando el gran Alejandro -que hoy en día se llamaría Alex- salió de Macedonia, una especie de Cataluña de allí, para conquistar el mundo, fundar Alexandría y morir como James Dean.

O hace cincuenta años, cuando Rastapopoulos andaba fastidiando a Tintín, y Onassis, mientras Amancio todavía trabajaba en Gala, le levantaba la viuda a los Estados Unidos de Norteamérica.

Por no hablar de Demis Roussos, que cantaba a los españoles en francés, con voz de castrato. Yo creo que todos los males de Grecia vienen de Sócrates, que no daba palo al agua y andaba de palique con los colegas, en lugar de contribuir al PIB. A Sócrates, pobre, le dieron cicuta, que es lo que ahora, no sin algo de razón, les quiere dar Merkel a sus nietos. Menos mal que a los griegos los va a salvar Pablo Che Iglesias.

Aunque, desde que Lord Elgin se llevó por partes el friso del Partenón, yo no dejaría entrar a nadie. Pero por otro lado, qué quieren que les diga, creo que la patria de Ulises, ese paisaje desperdigado, plagado de dioses peleándose como en Sálvame de Luxe, aunque solo fuera por el gran Homero -o quien quiera que fuese el autor de la novela- debería estar subvencionada por el resto de la Humanidad. Y ponto.