Los analistas políticos -mi cuñado José Manuel, mi vecina Mari Nieves- consideran que los antecedentes de Podemos son, por orden cronológico, el botellón de los adolescentes y el Blabla car. La espontánea organización del pueblo para saltarse las instituciones: los bares y la Renfe. Lo que suena raro es que mientras la juventud andaba de botellón, sus líderes de hoy estaban asesorando a las instituciones bolivarianas -Simón Bolívar Simón, que advertía Inti Illimani- y se acostaban temprano. En general, las revoluciones occidentales están hechas por jesuitas o seminaristas, hijos de la oligarquía, por eso la izquierda habla con parábolas del Evangelio y tiende a ser apocalíptica. Los de Podemos salieron retóricos y mitineros traicionando la esencia del botellón: el espíritu de la marabunta. Pero Pablo Iglesias se siente como una reina, como la abeja reina -«Cuando atacan a Errejón, atacan a Monedero, atacan a Tania, me atacan a mí»- y se va a tomar por saco el asamblearismo de Grándola vila morena. A mí me parece bastante bien lo que quieren los posibilistas, pero cuando veo a un tío subido a algún alto para estar por encima de los demás, cuando veo que ese tío tiene un micrófono y los de abajo no, pues me siento incómodo, qué le vamos a hacer. Podemos no tiene bases ni pasado, y para responder al pueblo va a tener que hacer una masiva oferta pública de empleo. Y van a aparecer centenares de tipos nuevos, la juventud olvidada. Aunque Monedero tenga casi mi edad y yo ya sea casi un viejo.