Estoy dispuesto a dar la razón a Juan Carlos Monedero en la parte política de su rueda de prensa de ayer. Cuando dice que «el régimen del 78 ha sacado su artillería contra mí», está diciendo la verdad: este régimen es el régimen político actual y tiene la manía de perseguir a quien delinque, a quien no cumple sus obligaciones cívicas o a quien no paga sus impuestos. Cuando ese régimen saca su artillería contra alguien por motivos legales, no hace como el amigo de Venezuela, que asalta el despacho del alcalde de Caracas para meterlo en la cárcel, sino que utiliza los cauces previstos, da oportunidad de defensa y garantiza un juicio justo. Es el sistema nacido de una Constitución democrática y que elaboró a lo largo de 37 años una legislación también democrática, aunque nos parezca imperfecta y en muchos aspectos injusta. Y el mismo sistema dispone de órganos de control y de garantías jurídicas. A quien vulnera la legalidad se le persigue, sí, pero con los métodos de todo Estado de derecho, trátese de un ciudadano particular o de un pariente del rey.
Supongo que el señor Monedero, por histórico que sea su papel, no quiere ser una excepción: la Agencia Tributaria lo buscó exactamente igual que a los miles de personas y familias que han montado trucos para pagar menos al fisco. Supongo, eso sí, que le duele especialmente verse martirizado todos los días en la prensa, con artículos que le piden explicaciones y con noticias nuevas de sus andanzas societarias. Hay que curtir esa piel, Monedero. Si sigue en política, ya se acostumbrará, porque las personas de dimensión pública deben tener una conducta privada acorde con sus predicaciones. Si no lo hacen, a la persecución legal del sistema se suma la de los medios informativos. A usted le parece una caza de brujas, pero son las reglas del régimen del 78 que, como es democrático, es también un régimen de opinión pública. Perdone que se lo diga, siendo como es usted un enorme experto en comunicación.
Mientras escribo estas líneas, me llama un amigo para preguntarme si he visto en Monedero síntomas de manía persecutoria. Soy el peor de los psicólogos, pero creo que no. Solo sufre esa enfermedad tan común en la clase política de hacerse el mártir de los poderosos cuando lo pillan. Solo tiene una tendencia natural, y por lo visto irrefrenable, a considerar que todos sus adversarios son unos inquisidores o unos usurpadores del poder que aplastan a todo el que amenaza su hegemonía. Solo se le ha contagiado esa sensación de todos los políticos de sentirse espiados, como cuando la señora Cospedal acusó a Zapatero de crear un Estado policíaco. Y solo es víctima de esa tendencia también muy política a vivir en la impunidad.