E l portero Víctor Valdés dice que ya sabía que se iba romper la rodilla. «Me iba todo demasiado bien, sabía que me iba partir algo», comentó en una entrevista. Este meta lleva tatuado en su brazo su signo del zodíaco (Capricornio) y debajo la leyenda: «Mi destino está escrito». Es muy viejo el debate sobre la voluntad y el destino. Sobre si influye o no la ruleta de la suerte. Pero igual Víctor Valdés debería tatuarse en el brazo la frase completa con una interrogación final: «El destino está escrito, ¿o no?». Lean lo que cuenta ese filósofo fabuloso que es el coreano Byung-Chul Han sobre su propio destino: «Adorno dijo que los nombres son iniciales que no entendemos, pero a las que obedecemos como a nuestro destino. El símbolo chino para Chul significa, según el sonido, hierro o metal, pero, según el sentido, también luz. En coreano filosofía es Chul-Hak, es decir, ciencia de luz. De esta manera seguí en mi vida, sin saberlo, el significado de mi nombre. Llegué a Alemania para estudiar Metalurgia. A mis padres les había dicho que iba a continuar mi carrera de Metalurgia en Alemania. Tuve que mentirles porque no me habrían dejado irme. Me marché a otro país cuyo idioma entonces no sabía ni hablar ni leer y me lancé a una carrera completamente diferente: Filosofía. Fue como un sueño. Entonces tenía 22 años. Ahora soy profesor de Filosofía en Berlín». Y uno de los mejores filósofos del mundo. ¿Carácter o destino?