Al final, después de tanto rollito new age, y tanto jipismo de alta gama, resulta que el andarín Paulo Coelho, que lleva treinta años dándonos la tabarra con su peregrinaje a Santiago, ni era tan andarín ni acabó el Camino. Solo llegó a O Cebreiro y allí pilló un bus a Compostela. Cela, que además de estar literariamente a años luz de Coelho era un cachondo mental, hizo su segundo viaje a la Alcarria con una choferesa negra llamada Oteliña, pero convirtió ese fake en un ejercicio de estilo. Paulo insiste en que, al llegar a Santiago, bajando la escalerilla del bus, vio la luz: «Pensé: empiezo mi nueva vida». O sea, que después de tanta prosa trotona y tanto flower power, Paulo Coelho nació en un Castromil. ¿Pero eso no lo cantaban Viuda Gómez e Hijos?