El sillón de la U

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

10 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde luego la afrenta de la Academia a Emilia Pardo Bazán no se solventa con el nombramiento de Clara Janés. Yo, claro está, prefiero a doña Emilia como prefiero a Camba en vez de Luis María Ansón. Pero eso ya es una cuestión de gustos, como el helado de vainilla. Hay mucha gente que se alegra de su nombramiento por razones sexuales.

Gente a la que, por ejemplo, no le gusta la poesía y tampoco la Academia. Gente que no sabe lo que se hace allí y ni siquiera tiene su diccionario. Que no quiere que le digan cómo hay que hablar o escribir. Gente en fin, desapegada. A mí las cuotas me traen bastante sin cuidado. No me gusta andar levantando faldas para ver que hay debajo -bueno, a veces sí que me gusta- y no me parece más o menos meritorio lo que haya. A no ser que exista el órgano de la necedad.

Alegrarse del nombramiento de la Janés por su sexo es como alegrarse del de José María Merino, ese coruñés apasionado, cervantista y filosofal, por su barba recortada.

Yo a Clara la veo todos los años en Salamanca y de vez en cuando releo toda la muerte que contiene su Libro de las alienaciones, que siempre me ha parecido demasiada. Pero no cabe duda que la poeta barcelonesa va a traer formalidad a las veleidades de Alatriste, y tal vez sobriedad a los excesos de Álvaro Pombo. Lo malo es que va a celebrar la fiesta de las sillas musicales sin música, y eso que, como es tradicional, el ágape le va a salir por un ojo de la cara. Y por cierto, Darío, ¿para cuándo el sillón de la tilde?