Apenas han comenzado a trabajar los nuevos gobiernos municipales y suenan ya trompetas apocalípticas que proclaman la reedición de las dos Españas, el entierro sectario de tradiciones arraigadas y anuncian tormentas constantes por los pactos excéntricos de una izquierda radical que, aseguran, ha tomado el poder en muchos ayuntamientos, como si no hubiese sido fruto de una votación democrática y consecuencia de la pérdida de confianza lograda a pulso por los que han tenido que ceder el bastón de mando.
Sería tan absurdo negar que muchos gobiernos municipales van a tener extrema dificultad para funcionar con coherencia durante cuatro años como negar la evidencia de que la política de gestos puede bastar para las primeras horas, pero hará falta mucho más para gestionar el día a día durante las 1.460 jornadas que tienen por delante.
Pero es inevitable preguntarse si algunos acontecimientos de los últimos días se habrían producido sin el vuelco del 24 de mayo.
Por ejemplo, el acuerdo del presidente de la Xunta con Abanca para dar respuesta a los desahucios o el esbozado en reunión de la ya alcaldesa de Madrid con Bankia. ¿Por qué ahora y no antes, si hay desahucios desde hace varios años?
Por ejemplo, la anunciada desaparición del Consejo Consultivo de Madrid, refugio dorado de políticos, que forma parte del pacto de Ciudadanos con el PP madrileño. O los planes de lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida en Andalucía incluidos en el que ha permitido le investidura de Susana Díaz.
Lo que viene no va a ser fácil. Pero es pronto para sacar las trompetas. A no ser que la intención sea solo hacer ruido para que no se escuchen otras voces.