A Salorio no le darán el moro como a Abenamar no le daban Granada, pero Núñez Feijoo esta semana le entregará la medalla de oro de Galicia con mucho merecimiento. Sánchez Salorio es volteriano, para disgusto de curas y monjas, y oftalmólogo como José Rizal, el filipino que mató en 1896 el general coruñés Polavieja, de ahí su simpatía por O Ollo de Vidro, de Castelao. Continuador de la tradición de médicos humanistas que desde las lejanas colonias de ambos extremos del mundo -José Martí, el citado Rizal- han venido a heredar Gregorio Marañón, García-Sabell o Sixto Seco. El doctor Manuel Sánchez Salorio, el oculista por antonomasia, es el creador de la Escuela Gallega de Oftalmología. Salorio, tirando piedras contra su propio tejado, se ha quemado las pestañas, o si ustedes quieren, se ha dejado los ojos, estudiando medicina, y lo han premiado por eso constantemente. Es decir, que ha sido profeta en su tierra. Por eso, quizá, pasea un spleen elegante y distraído. Pero no se dejen ustedes engañar, tras el docente apasionado, que sigue tomando el tren a diario para viajar a Santiago, como llevan tanto tiempo haciendo los ingleses para acercarse hasta Oxford, lo que le preocupa realmente es que Rosalía dejara de escribir en gallego, cosas así. Su larga vida académica bien merece la medalla de Galicia, como merece, desde luego, que quien se la da represente a todos los gallegos, a los que ganaron las elecciones y a los que no. Y eso deberá pensar la oposición, que siempre se queda en casa.