El león de Zimbabue

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

29 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El 23 de marzo de 1909 partía del puerto de Nueva York un barco con destino a Mombasa, en la actual Kenia. En él viajaba una expedición organizada por el Smithsonian Institute y comandada por el expresidente Teddy Roosevelt. Su objetivo era cazar animales con destino a los museos norteamericanos. Y el resultado fue la muerte de 457 grandes mamíferos, entre los cuales había 17 leones. El viaje marcó también un escandaloso hito en la caza mayor en el continente africano. Uno de los acompañantes locales de la expedición fue el gran cazador blanco Frederick Selous, que hoy da nombre a la reserva protegida más grande de Tanzania, del tamaño de Galicia. Hace unos años, junto a Javier Reverte, tuve la oportunidad de visitar su tumba. También conocí al gran Numa, el león, junto con John Clayton, cuando ambos teníamos doce años y él todavía se llamaba Tarzán. Esto ocurría en las páginas del primer libro de Edgar Rice Burroughs que se titulaba, ya lo saben ustedes, Tarzán de los monos. Es verdad que no se puede juzgar con los ojos de hoy los comportamientos de hace cien años. Jim Corbett fue cazador de tigres y panteras antes de convertirse en un pasional proteccionista y dar su nombre, como Selous en África, al Jim Corbett National Park, en el norte de la India, al pie del los Himalayas. Hoy matar a un león es como matar a un jugador de rugbi de Nueva Zelanda o a un futbolista brasileño, por poner un ejemplo. Y quien mató a Cecil, el león de Zimbabue, merece ser desterrado de la civilización.